Minerales críticos: antes de la mina, la disputa pasa por los datos

Con US$ 21.300 millones en inversiones previstas hasta 2030 y una nueva política nacional para el sector, Brasil intensifica la carrera por el litio, el cobre, el níquel, el grafito, el niobio y las tierras raras. Pero transformar el potencial geológico en un proyecto minero exige algo menos visible: preservar la identidad, la integridad y la trazabilidad de la información generada por el sondaje. En ese contexto, las tecnologías de control de muestras, como Smart Case, están ganando terreno en la exploración minera.
En septiembre de 2026, cuando Brasil estableció su Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos, una palabra poco asociada a la imagen tradicional de la minería apareció varias veces en el nuevo marco: trazabilidad.

La Ley 15.506 dispone la creación de un sistema capaz de hacer seguimiento a la cadena de los minerales críticos, registrar las transacciones y los actores involucrados, y mantener información auditable sobre su origen, composición y destino. Los mecanismos de identificación deberán ser seguros, verificables y tecnológicamente capaces de preservar la integridad de los datos. La reglamentación aún debe definir cómo funcionará esto en la práctica.
La ley se enfoca en la cadena productiva del mineral. Sin embargo, mucho antes de que sea necesario rastrear una tonelada de concentrado de litio, cobre o tierras raras, existe otro elemento cuya identidad debe preservarse: la muestra que demuestra la presencia de esos minerales en un área determinada.
En esta etapa están surgiendo nuevas discusiones sobre la modernización de los galpones de geología, que están adquiriendo un papel esencial en el desarrollo tecnológico de la minería.
Brasil tiene razones para prestar atención al tema. El Instituto Brasileño de Minería (IBRAM) estima inversiones de US$ 76.900 millones en el sector entre 2026 y 2030. De ese total, US$ 21.300 millones corresponden al grupo que el IBRAM clasifica como minerales críticos, entre ellos cobre, níquel, tierras raras, grafito, litio, niobio y zinc. Solo los proyectos de cobre representan US$ 8.600 millones; los de níquel, US$ 4.700 millones; los de tierras raras, US$ 2.400 millones; y los de litio, cerca de US$ 1.200 millones.
El interés se apoya en una base mineral relevante. Los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por su sigla en inglés) muestran que Brasil concentró aproximadamente el 93% de la producción mundial de niobio en 2024, fue el sexto mayor productor de litio y figuró entre los principales productores de grafito y níquel.
Ninguna de esas posiciones reduce la importancia del sondaje, un procedimiento esencial para investigar el subsuelo mediante la extracción y el análisis de muestras que permiten identificar y caracterizar los depósitos minerales.
El mineral crítico comienza como información
En la exploración minera, una sonda diamantina atraviesa la roca y recupera cilindros continuos, los testigos de sondaje. Estos permiten al geólogo observar la litología, la alteración, las estructuras, la mineralización y otros elementos que, junto con los análisis de laboratorio, alimentan los modelos geológicos y las futuras estimaciones de recursos.
El resultado económico puede llegar años después. La información comienza en ese cilindro de roca.
Por eso, el desafío no consiste solo en extraer una muestra del subsuelo. También hay que preservar la relación entre la roca extraída, el sondaje del que proviene, su profundidad, cómo fue manipulada, qué parte se envió a análisis y cuál quedó almacenada.
Los principales sistemas internacionales de reporte de información minera abordan esta cuestión de forma explícita. El Código JORC incluye entre sus criterios la seguridad de las muestras, las auditorías y revisiones de las técnicas de muestreo, y los mecanismos para impedir que errores de transcripción o digitación comprometan la base de datos utilizada para estimar recursos.
En el sistema canadiense, el formulario NI 43-101F1 contempla secciones específicas para la preparación, el análisis y la seguridad de las muestras, además de la verificación de los datos. Las directrices de buenas prácticas del Instituto Canadiense de Minería (CIM, por su sigla en inglés) van más allá y recomiendan que se establezca y registre la cadena de custodia de las muestras.
Esto cambia la manera de entender una litoteca. Es un archivo físico de la geología de un proyecto, que también se está digitalizando, y no simplemente una bodega con cajas de rocas antiguas.

“Si consideramos que el principal activo de estos proyectos de exploración es el sondaje, y que los inversionistas buscan cierto grado de confianza y certeza de que efectivamente existe mineral para poder aportar capital, partimos de la base de que el conjunto de sondajes y testigos de sondaje es el mayor activo de estos proyectos. Y si el testigo tiene toda esa importancia, ¿por qué a veces descuidamos la forma en que lo guardamos? Smart Case es una evolución de la caja que busca resolver precisamente ese problema: la falta de confiabilidad sobre cómo está almacenado el acervo, dónde se encuentra y cómo comprobar los pasos realizados. Es un software de gestión logística de testigos, no una base de datos geológicos, donde registramos y gestionamos cuándo se perforó el sondaje, dónde se entregó, el trabajo pendiente, las actividades del equipo y el almacenamiento final. Un proyecto con todo bien almacenado y con información digital y confiable tendrá un valor agregado al buscar inversión o vender el activo. Sin esa gestión, el inversionista no puede auditar, lo que aumenta considerablemente el riesgo del proyecto o incluso obliga a realizar nuevos sondajes, con un costo muy elevado.” Así lo explica Marcéu Barreto, geólogo, con un MBA en Gestión de Proyectos y gerente de Proyectos de Tecnología en Core Case, al abordar el papel de esta transformación tecnológica y el valor del acervo geológico para el mercado.
Cuando cada caja adquiere una identidad
Core Case comenzó en 2010 fabricando cajas para testigos de sondaje. El paso tecnológicamente más interesante de su trayectoria ocurrió cuando el recipiente dejó de tratarse solo como un objeto de almacenamiento y pasó a incorporar también una identidad digital.
En Smart Case, según el fabricante, cada caja puede salir de fábrica con un código de respuesta rápida (QR) y un identificador por radiofrecuencia (RFID) exclusivos. Estos identificadores se vinculan a Manager, el software de Core Case que registra información sobre sondajes, testigos, inventarios, consumos, movimientos y actividades del galpón. El sistema funciona en la nube y se puede acceder a él desde la web y una aplicación.
La diferencia parece pequeña hasta que se piensa en una campaña de exploración con decenas de miles de metros perforados y miles de cajas que se trasladan entre la plataforma de sondaje, el galpón de descripción, el área de corte y muestreo, el almacenamiento y el archivo histórico.
En el proceso convencional, parte de esta información puede depender de números escritos, etiquetas, planillas y sucesivas transcripciones. Cada intervención humana añade una posibilidad de error: una caja intercambiada, una identificación digitada incorrectamente, un intervalo asociado al registro equivocado o, simplemente, una muestra que tarda en localizarse años después.
La lógica de Smart Case es crear una asociación persistente entre el recipiente físico y su registro electrónico.
El código QR permite acceder visualmente a la identidad individual de la caja. La identificación por radiofrecuencia agrega la lectura mediante RFID. Manager organiza la capa de información vinculada a esos identificadores. Por lo tanto, en vez de pensar solo en “una caja con un chip”, el concepto relevante es la conexión entre el objeto, su identidad y la base de datos.
La solución responde a una tendencia más amplia de la minería: digitalizar etapas que siguieron siendo analógicas incluso después de la adopción del modelamiento tridimensional, la teledetección, las bases de datos geológicos y programas cada vez más sofisticados.
La tecnología no convierte datos deficientes en datos de calidad
Este avance exige hacer una distinción importante.
Core Case afirma que Smart Case refuerza las prácticas de aseguramiento y control de calidad (QA/QC, por sus siglas en inglés) y apoya requisitos relacionados con el NI 43-101 y el Código JORC. “Apoya” es el verbo adecuado.
Ninguno de estos sistemas de reporte exige RFID, códigos QR ni una caja determinada. Tampoco certifican los mecanismos de validación como “JORC compliant” o “NI 43-101 compliant”, es decir, conformes al Código JORC o al NI 43-101.
Una identificación electrónica no corrige un sondaje mal planificado ni vuelve representativa una muestra que no lo era. Tampoco detecta automáticamente un problema de recuperación del testigo, sustituye los estándares, blancos y duplicados del laboratorio o interpreta la geología.
Lo que sí puede hacer es fortalecer otro componente del proceso: documentar la identidad y los movimientos, reducir ciertas transcripciones manuales y estructurar mejor la conexión entre una muestra física y la información asociada a ella.
Este límite es importante porque permite evaluar la tecnología por lo que efectivamente entrega.
Las directrices del CIM establecen que la cadena de custodia de las muestras debe definirse y registrarse. El Código JORC pregunta cómo se resguarda la seguridad de la muestra y cómo se impide que los errores de transcripción corrompan los datos. El formulario canadiense exige que la persona calificada, o Qualified Person (QP), evalúe la idoneidad de los procedimientos de seguridad, preparación y verificación. Un sistema digital de identificación puede contribuir a responder parte de estas preguntas, pero la responsabilidad sigue recayendo en el proceso técnico y en los profesionales que lo llevan a cabo.
Por qué esto importa aún más en los minerales críticos
El crecimiento de los minerales críticos aumenta la escala del desafío.
En Brasil se está evaluando una nueva generación de proyectos justo cuando los inversionistas, los gobiernos y las industrias consumidoras prestan mayor atención al origen, la seguridad del suministro, el procesamiento, los criterios socioambientales y la confiabilidad de las cadenas.
La Ley 15.506 refleja parte de este movimiento. Su artículo 44 establece que el futuro sistema brasileño deberá registrar transacciones, permitir la auditoría de la información y emplear mecanismos de identificación seguros. También admite soluciones tecnológicas para garantizar la integridad, la trazabilidad y la inviolabilidad de los datos.
Sería incorrecto afirmar que esta disposición se aplica a Smart Case. La trazabilidad creada por la ley está destinada a la cadena productiva de los minerales críticos, mientras que la tecnología de Core Case opera en una etapa anterior, relacionada con los testigos y la información del sondaje.
La coincidencia revela una transformación más amplia. En distintas etapas de la minería aumenta la exigencia de saber qué es un material, de dónde proviene, dónde ha estado y qué información está asociada a él.
En el producto mineral, esto se convierte en un requisito regulatorio y comercial. En la exploración, se manifiesta como seguridad de la muestra, cadena de custodia e integridad de los datos. La lógica tecnológica es similar, aunque los sistemas sean diferentes.
La caja como infraestructura de datos
Core Case no comenzó como una empresa de software. Comenzó fabricando la caja que recibe la roca, moldeada por inyección con plástico reciclado. Al añadir RFID, códigos QR y una plataforma de gestión, pasó a operar en el límite entre el producto industrial y la infraestructura de información.
Este movimiento representa un cambio más amplio entre los proveedores de la minería. Los equipos dejan de evaluarse solo por su función mecánica y pasan a generar, transmitir u organizar datos.
Una perforadora genera información sobre su desempeño. Los equipos de procesamiento incorporan sensores y las flotas se monitorean en tiempo real. Los acopios, los tranques y los taludes se supervisan de forma remota. La digitalización de la caja de testigos incorpora al galpón de geología en ese mismo proceso.
Esto no significa que todas las operaciones deban adoptar RFID ni que Smart Case sea la única manera de organizar una litoteca. Tampoco existe, en las fuentes públicas consultadas, un estudio independiente que cuantifique cuánto reduce el sistema los errores o aumenta la productividad en una operación minera.
Esa ausencia impide convertir los beneficios comerciales en resultados sustanciales.

Pero no elimina la cuestión tecnológica que plantea el producto: en una industria que invertirá miles de millones de dólares en nuevos depósitos, ¿todavía tiene sentido que un activo geológico de larga duración dependa de procesos de identificación y movimiento predominantemente manuales?
La carrera comienza antes de la mina
La discusión sobre minerales críticos suele terminar en reservas, producción, refinación, baterías, imanes permanentes y geopolítica. Son los aspectos de mayor visibilidad económica.
La minería, sin embargo, comienza mucho antes.
Comienza cuando una empresa decide dónde perforar y continúa cuando la sonda recupera la roca, el geólogo describe el testigo, parte de este se envía al laboratorio y los resultados se incorporan a la base de datos. De esa secuencia nace la información utilizada para determinar si existe un recurso mineral capaz de sustentar un proyecto. Smart Case ocupa una parte de ese sistema, y su aparición es una señal de ese cambio.
Al incorporar una identidad digital a una caja de testigos, Core Case lleva tecnología a una etapa que durante décadas se trató esencialmente como almacenamiento físico. No aumenta el tamaño del depósito, no mejora la ley del mineral ni garantiza financiamiento. Permite organizar de otra manera la relación entre la roca y la información que describe su historia.
Antes de que un mineral crítico se convierta en recurso, reserva, concentrado o producto estratégico, debe convertirse en un dato geológico confiable. Y en una minería cada vez más digital, incluso la caja donde se guarda esa evidencia comienza a formar parte de la tecnología.
Artículo publicado originalmente por el portal The Mining. Léelo aquí.
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